El “recuperador de cascos”: es coleccionista y ya devolvió dos de ex combatientes de Malvinas

Matías Picchio (42) colecciona cascos de guerra. Llegó a tener unos 100. Dice estar obsesionado con la guerra porque le tiene miedo. Asegura que así enfrenta el pavor que le genera. Vive en Cambridge, Inglaterra, hace 20 años. Allá trabaja como técnico aeronáutico. Dentro de su colección posee varios cascos de combatientes de Malvinas. Hace tres años…

El “recuperador de cascos”: es coleccionista y ya devolvió dos de ex combatientes de Malvinas

Matías Picchio (42) colecciona cascos de guerra. Llegó a tener unos 100. Dice estar obsesionado con la guerra porque le tiene miedo. Asegura que así enfrenta el pavor que le genera. Vive en Cambridge, Inglaterra, hace 20 años. Allá trabaja como técnico aeronáutico. Dentro de su colección posee varios cascos de combatientes de Malvinas. Hace tres años compró el del veterano José Muñoz en una subasta y se lo devolvió. Ahora regresó al país para entregar el que perteneció al soldado caído Rafael Barrios a su familia. 

Barrios pertenecía al Regimiento 12 de Corrientes. Su caso resonó hace unos años, cuando compañeros que sobrevivieron a Malvinas denunciaron que fue víctimas de crímenes de guerra por parte de los ingleses. 

Matías Picchio recuperó dos cascos de Malvinas y quiere devolver más.

En 2011, Raúl Vallejos, veterano de Malvinas, contó que él junto a Barrios y otros soldados argentinos fueron llevaron detenidos a unos galpones en Goose Green donde había cerca de 400 argentinos presos. Dijo que los británicos les exigieron tareas riesgosas, y ante la negativa, hubo amenazas de dejarlos a la intemperie sin comida. 

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“Al tercer día pidieron 20 soldados para recoger un muerto en el campo de batalla –recordó Vallejos–. A las tres horas pidieron 20 soldados más para recoger unos cajones de municiones que estaban ahí, a 300 metros. Empezamos a cargar y cuando faltaba poco para terminar la parva, se va un soldado, levanta el cajón y sale, yo voy por atrás y el que venía atrás mío, va, levanta el cajón y ahí explota”. La detonación mató al instante a Barrios y a otro soldado, Martín Flores.

Luego, los detenidos de mayor rango presentaron un acta de queja ante los ingleses para denunciar que habían sido obligados a realizar “una actividad no contemplada por la Convención de Ginebra”, con fecha del 1 de junio de 1982.

El casco de Rafael Barrios, muerto en Malvinas.

Vallejos siguió contando: “Cuando escuché la explosión, lo único que dije fue ‘¡Ay mi Dios!’. Lo que casi me ahogó era el humo, porque en ningún momento perdí el conocimiento. Cuando me quise arrastrar miro la pierna: estaba todo cortado. No tenía fuerza, el dedo de la mano estaba todo colorado. No sentí dolor, sentí que me estaba quemando, nada más”.

Detrás de esta trágica histórica aparece Picchio. Hace un año compró el casco de Barrios en una subasta. “Tenía una funda rara, que no era típica de los cascos argentinos de Malvinas”, cuenta a Clarín. Pero dice que reconoció que era de Malvinas porque esos cascos “tienen un olor muy particular”.  Cuando vio el nombre de Barrios dentro del objeto comenzó a investigar su historia y encontró al hermano, Félix. “Lo llamé y le conté que se lo quería devolver”. El cree que los cascos tienen una conexión muy personal con los soldados y sus familiares. “Les salvan la vida”, explica. ​Este lunes a la tarde se encontrará con la familia de Barrios en una ceremonia de entrega que se hará en la sede de la Comuna 13, donde también participarán otros ex combatientes de Malvinas. 

Picchio compró el casco en una subasta, en Inglaterra.

“Para mí es una emoción enorme. Porque esto puede cambiar la vida de una persona. Puedo darles algo que le pertenecía a un familiar. Es increíble cómo esto puede ser algo tan insignificante, siendo que lo hago por hobby”, cuenta Matías. Y agrega: “Me convertí en una especie de recuperador de cascos. Yo no lo busqué. Esto surgió naturalmente. Sucedió. Pasó. Siento que es bueno hacer algo por la gente perdió tanto. Me siento afortunado de hacerlo. Lo hago por amor y respeto“.

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Picchio también tuvo contacto con los veteranos del bando opuesto. Trabajó para la fuerza aérea británica contratado como técnico y cuenta cómo es la memoria de Malvinas desde la mirada inglesa: “Cuando trabajé en la base aérea había muchos ex combatientes ingleses. Para ellos fue una guerra más. Son profesionales. Van de guerra en guerra. Ellos sienten que cumplieron su deber. Lo ven desde otro punto de vista”. 

El nombre del soldado, inscripto en su interior.

Matías es fanático de los conflictos bélicos. Durante años recolectó cascos de distintas guerras. Tiene piezas alemanas, inglesas, argentinas. Dice que los cascos de Malvinas, en especial los argentinos, se están vendiendo muy bien. “Ahora se revalorizaron un montón. Es negocio comprar y vender estos cascos“, admite. Cuenta que muchos no tienen nombre y que muchos están en manos de gente que no saben que son argentinos. “Los confunden con cascos de Vietman porque son parecidos”, explica. 

El veterano José Muñoz, después de recuperar el casco que usó en Malvinas y que le entregó Matías Picchio en 2016 (Archivo)

En el 2016, Picchio le entregó el casco al veterano de Malvinas José Muñoz. El encuentro se hizo un sábado en un gimnasio municipal de la localidad chubutense de Sarmiento, colmado y desbordante de emociones. Picchio había comprado el casco a través de Internet sin saber a quién había pertenecido, hasta que logró rastrear el nombre del soldado que lo había usado en Malvinas y viajó desde el Reino Unido para entregárselo. 

“Es increíble a veces como un simple hobbie que hacer tanto por la vida de una persona”, comentó entonces a Clarín el veterano Muñoz, feliz, 34 años después, de haberse reencontrado con su casco. 

AS