Después de la polémica, cómo fue el primer día con colectivos públicos en Nordelta

A fines del año pasado, el reclamo de un grupo de empleadas domésticas que trabajan en Nordelta visibilizó su reclamo: cortaron la calle porque, aseguraban, los micros que circulan por el predio no las levantaban porque los propietarios no querían viajar con ellas. El reclamo expuso otra cuestión además de la discriminación: la negativa de…

Después de la polémica, cómo fue el primer día con colectivos públicos en Nordelta

A fines del año pasado, el reclamo de un grupo de empleadas domésticas que trabajan en Nordelta visibilizó su reclamo: cortaron la calle porque, aseguraban, los micros que circulan por el predio no las levantaban porque los propietarios no querían viajar con ellas. El reclamo expuso otra cuestión además de la discriminación: la negativa de los propietarios a que el transporte público recorra el barrio. Cuatro meses después, los colectivos ingresaron a Nordelta.

Este lunes, comenzó a funcionar el servicio de la línea 723 que entra al complejo, donde viven unos 40.000 vecinos. Pero entre sus posibles pasajeros no estaba, en el arranque, muy claro cómo va a funcionar. A las 6.30, la hora en que arranca el recorrido, Clarín estuvo en la estación de tren de Benavídez. Junto con la de Pacheco, son las dos paradas donde las únicas dos unidades de esa línea levantan pasajeros que van a trabajar al complejo de countries. Bien temprano a la mañana, sobre la avenida Nordelta, una cola de unas 60 personas esperaba los primeros vehículos. Todos los que estaban allí ni siquiera estaban enterados de que este lunes comenzaba a circular este nuevo servicio. También había muchas dudas de si tomarlo o no.

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“Vamos a ver si funciona bien. Por ahora no sabemos nada. Yo no sabía que arrancaba hoy. Tampoco sé muy bien por dónde pasa“, comentó Clara, que tarda más de una hora en ir de su casa al trabajo, en Nordelta. La misma sensación tenía María, que estaba también esperando en la cola. “Nosotros siempre venimos a esta parada a tomar el micro que nos lleva. Es un servicio necesario porque viajamos muy mal, la verdad”, agrega, con la SUBE en la mano. 

También explicaban que como son sólo dos unidades la que hacen este recorrido, la frecuencia con la que pasan es de más de 40 minutos. “El colectivo empieza en Pacheco, va hasta Nordelta, entra al complejo, pasa por todas puertas de los barrios privados, sale y va hasta la estación de Benavídez. Después, vuelve y hace el mismo camino al revés”, comenta uno de los delegados de la empresa de colectivos. 

Uno de los micros de Mary Go, el transporte privado en Nordelta.

Otra característica de este nuevo servicio es que funciona sólo cuatro horas al día: de 6.30 a 8.30 y entre las 16 y 18. “Con lo cual acota mucho el momento para tomarlo. Si tenés que entrar más tarde o te quedás más tiempo, te perdés el colectivo y tenés que salir del complejo caminando”, cuenta Sandra, quien suele, a veces, caminar 40 minutos desde la entrada de Nordelta hasta la casa donde trabaja, en uno de los barrios privados. 

Ese otro problema que todavía no se resolvió, según contaron a este diario personas que controlan las frecuencias del colectivo. “Hay gente que no hace a tiempo y tiene que ir caminando. Porque las combis que los llevan a la casa donde trabajan funcionan hasta las once de la mañana“, detallan. 

Cerca de la estación de tren de Pacheco, sobre la avenida Nordelta, había un persona de una empresa de seguridad privada que, con una birome y una planilla, anotaba la cantidad de gente que se subía al colectivo. “Se subieron unos 60 pasajeros hasta ahora”, comentó a Clarín, tras lo cual contó que esa información se la queda la administración de Nordelta.

Al mismo tiempo que la línea 723 funciona el servicio de la empresa privada de transporte Mary Go. Esta hace el mismo recorrido, va a las mismas paradas, pero tiene más unidades circulando. Este diario contó unas seis andando, contra dos de la línea de colectivo.

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En general, las personas eligen subirse a estos micros porque les salen gratis, ya que su costo lo cubren los propietarios, a quienes les cobran el servicio en las expensas. Con una tarjeta que les dan en los barrios privados, la empleadas pueden acceder a estos vehículos que las llevan a sus lugares de trabajo. “Yo prefiero usar el Mary Go porque no lo pago y es más cómodo”, cuenta Lili. El colectivo en cambio lo tienen que pagar: el viaje sale 20 pesos

Quienes conocen las internas de Nordelta contaron que el servicio de Mary Go generó, también, polémicas entre los vecinos del complejo, ya que muchos se rehusaban a abonar el costo y además rechazaban la idea de compartirlo con sus empleados.

La Municipalidad de Tigre fue la que impulsó la llegada del transporte público a esta ciudad-pueblo, lo que generó una fuerte resistencia entre los vecinos: se oponían a los colectivos por considerar que vulnera la seguridad del lugar. Finalmente, tras un primer debate fallido, el Concejo Deliberante aprobó el ingreso de colectivos al complejo.

AS