Juan Martín Maldacena: “Mis hijos no quieren que les resuelva las ecuaciones”

Fuente: LA NACION – Crédito: Hernán Zenteno Nadie que se encuentre con él en la calle sin saber lo que representa en la física actual pensaría que Juan Martín Maldacena es uno de los nombres más destacados de la escena científica actual. Extremadamente amable, el investigador argentino galardonado con las máximas distinciones (fue el profesor…

Juan Martín Maldacena: “Mis hijos no quieren que les resuelva las ecuaciones”

Fuente: LA NACION – Crédito: Hernán Zenteno

Nadie que se encuentre con él en la calle sin saber lo que representa en la física actual pensaría que Juan Martín Maldacena es uno de los nombres más destacados de la escena científica actual. Extremadamente amable, el investigador argentino galardonado con las máximas distinciones (fue el profesor vitalicio más joven de la historia de Harvard, integra el staff de “elegidos” del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, donde trabajó Einstein, y fue uno de los nueve ganadores de la primera edición del Premio Yuri Milner a la Física Fundamental, dotado de tres millones de dólares, y
en mayo recibirá la primera medalla Galileo Galilei, entre muchas otras) hace gala de una humildad que desconcierta y evita la primera persona del singular para hablar de sus aportes.

Maldacena es un astro del universo científico desde que en 1998 fue aclamado en un congreso y saltó a las páginas de
The New York Times por firmar una hipótesis audaz que imagina el universo como un holograma que (del mismo modo en que con la holografía láser se proyecta un objeto tridimensional en una superficie de dos dimensiones) surge de la proyección cuatridimensional de un objeto de nueve o 10 dimensiones. Gracias a un elegante atajo, la conjetura que hoy lleva su nombre logró vincular matemáticamente dos teorías irreconciliables: la de la relatividad (que explica el comportamiento de objetos muy grandes, como estrellas y planetas) y la mecánica cuántica (que describe el zoológico subatómico).

Padre de tres hijos, su mujer lo describe como “un personaje de
The Big Bang Theory“. Él bromea diciendo que “calla en todos los idiomas”, pero esto no le impide participar varias veces por año en seminarios y reuniones en el país. Dicta seminarios, se presta de buen grado a los requerimientos periodísticos y ofrece conferencias que atraen al público general.

Esta semana estuvo de visita para participar de una reunión organizada por el CERN en Córdoba, donde recibió el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional de esa ciudad y participó en un encuentro organizado por la Universidad Nacional de San Martín. El jueves, el público rebasó los salones del Hotel Alvear durante una charla organizada por la Asociación de Amigos de la Universidad de Tel Aviv.

-Recibiste muchas distinciones. ¿Tiene un significado especial la medalla Galileo Galilei?

-Galileo es una de las figuras más importantes de la física y el inventor de la relatividad. Él se dio cuenta de que si uno se está moviendo con todo lo que lo rodea no puede detectar el movimiento [la percepción del movimiento depende del sistema de referencia escogido]. La teoría de la relatividad de Galileo fue importante para argumentar que la Tierra podía estar rotando sobre su eje y no nos damos cuenta. Lo que Einstein hizo fue agregar una cosa: que la velocidad de la luz es absoluta, es la misma en todos lados del universo. Según la relatividad de Galileo, si uno se está moviendo, la velocidad de la luz debería ser distinta para un observador quieto que para otro que se esté moviendo. Einstein introduce la idea de que la velocidad de la luz es absoluta, pero que el tiempo es relativo, que el fluir del tiempo cambia cuando uno se está moviendo.

-La conjetura que lleva tu nombre fue citada miles y miles de veces, ¿por qué?

-Bueno, relaciona dos tipos de teorías muy distintas y la relación es tal que cuando una de ellas es difícil de analizar, la otra es fácil. Transforma problemas difíciles en problemas sencillos. Esa es la razón principal por la cual tuvo aplicaciones en otras áreas. En esencia, les sirve a otros teóricos que analizan sistemas más concretos: es como una teoría de las teorías. En la física, a veces es difícil asumir ciertas leyes fundamentales y derivar las consecuencias. Si uno puede saber cómo funcionan los átomos y escribir las ecuaciones que nos dicen cómo los electrones se mueven, después predecir las propiedades de los materiales es muy difícil . Y eso se vuelve más difícil aun cuando el material tiene propiedades más exóticas, precisamente son los más importantes para la tecnología. Desde los semiconductores, que cuando se entendieron revolucionaron la industria de la computación, a los superconductores. Ahora se están estudiando materiales que tienen propiedades de conducción muy extrañas. Karen Hallberg [del Instituto Balseiro, que acaba de recibir el premio internacional L’Oréal-Unesco para Mujeres en la Ciencia] trabaja en tratar de comprender estos comportamientos emergentes de la materia, cómo a partir de objetos simples surgen comportamiento complejos.

-¿En qué se vincula esto con tus aportes?

-Algunos encuentran que la conjetura puede ser útil para hacer un test de ciertas ideas. No es que uno pueda aplicar esta teoría de la gravedad en forma directa para analizar un problema experimental específico, sino que sirve para entender cómo se comportan esas teorías. En cierto sentido, permite entender cuál es el espectro de lo posible. Por ejemplo, una aplicación fue entender que los sistemas con interacciones fuertes desarrollan un tipo de caos. En teorías que se relacionan con la gravedad, uno puede relacionar esa evolución del caos con lo que ocurre cuando un cuerpo cae dentro de un agujero negro y se va acercando al horizonte [del agujero negro]. El hecho de que las interacciones entre las partículas sean por la gravedad limita la velocidad de propagación del caos. Eso es algo que uno puede ver en la gravedad, pero puede conjeturar que se aplica a todos los sistemas. Y de hecho uno la puede probar para todos los sistemas. Este es un ejemplo de algo que se aprendió a través de la conjetura, pero se puede demostrar independientemente.


Fuente: LA NACION – Crédito: Hernán Zenteno

-¿La conjetura podrá comprobarse alguna vez experimentalmente?

Es difícil, porque originalmente es un trabajo con modelos matemáticos. No creo. es decir, por ahora no sabemos.

-Los físicos que vinieron después de Einstein dedujeron de la Teoría de la Relatividad consecuencias que él no había previsto. ¿Con la conjetura pasa lo mismo?

-Sí, completamente. Por ejemplo, estas aplicaciones al estudio de materiales a mí me sorprendieron. Cuando la gente empezó a hablar de eso pensé: “Esto es algo demasiado diferente”. Pero, efectivamente, fue una buena idea.

-¿Y vos mismo? ¿Entendés mejor la conjetura ahora que en el momento de publicarla?

-Ah, sí, eso sí, por supuesto. Definitivamente. No es algo fijo, se va desarrollando y se va entendiendo cada vez mejor.

-¿Qué estás investigando ahora?

-Estoy tratando de entender cómo surge el espacio-tiempo a partir de un sistema cuántico, de trazar una descripción cuántica de la gravedad. Una de las ideas que tenemos es que el entrelazamiento cuántico [al decir de Einstein, una “fantasmagórica” influencia a distancia de las partículas subatómicas] juega un papel importante. La idea es entenderlo mejor en ciertos casos y tratar de extraer alguna lección más general para comprender mejor el interior de los agujeros negros y los universos en expansión. El objetivo final es entender la singularidad que hay al comienzo del universo. Por el momento no se entiende pero.

-¿Alguna vez tendrá respuesta esa pregunta?

-Sospecho que sí, pero vamos a ver cuánto tiempo lleva. Por ahí hacen falta muchas nuevas ideas. Hablamos del caos cuántico y del comportamiento de los agujeros negros, y para lograr entenderlos hace falta traer ideas de distintas áreas de la física. Eso es de lo más interesante: relacionar cosas que parecen completamente diferentes. Por ejemplo, Einstein en 1935 escribió dos artículos. Uno mostraba que la solución más sencilla de la Teoría de la Relatividad describe dos agujeros negros que comparten un interior: se conectan entre sí. Y el otro describe el entrelazamiento cuántico, una propiedad de la mecánica cuántica. Si uno lee esos dos artículos, se lleva la impresión de que a Einstein no le gustaba mucho el entrelazamiento cuántico, pero sí le gustaba que el universo estuviera conectado de esa forma. Ahora se entiende que estas dos cosas parecen estar muy relacionadas entre sí. Son como dos aspectos diferentes de lo mismo.

-¿Cuál dirías que es el problema crucial que se estudia o habría que atacar en este momento?

-No me gusta hablar de un solo problema, porque la física tiene una gran frontera donde se van haciendo progresos en distintas direcciones. En mi campo, el más importante es entender el principio del Big Bang. Es un problema difícil y no trabajamos directamente en eso, sino en otros que creemos que van a ayudar a resolverlo. Es como la cima del Everest. Por ahora estamos en el campamento base.

-¿En qué contexto se te presentan las mejores ideas?

-En general, suelen surgir en colaboración con otros, cuando uno está en la oficina o frente al pizarrón, hablando con colegas. Uno discute, después se plantean preguntas, se trata de responderlas.

-¿Se pueden armonizar la vida familiar y la científica?

-Se acomodan bien. Hay una imagen extendida de que el científico es muy exótico, pero no es tan así (se ríe).

-¿Tus hijos te piden que les resuelvas las ecuaciones?

-No. No les gusta, dicen que les doy explicaciones muy complicadas y que me extiendo mucho. Me entusiasmo demasiado. Les gusta la ciencia, les va bien en el colegio, pero dicen que física no van a estudiar.