Manu Ginóbili, o cómo ser el mejor sin haber sido el mejor

¿Se puede ser el mejor sin haber sido nunca el mejor? La enunciación, redundante y con mucho de oxímoron, calza a medida para reflexionar sobre la dimensión de Emanuel Ginóbili como deportista a horas de que la NBA lo transforme en leyenda indeleble. Ningún otro basquetbolista en la historia de la humanidad podrá usar la camiseta…

Manu Ginóbili, o cómo ser el mejor sin haber sido el mejor

¿Se puede ser el mejor sin haber sido nunca el mejor? La enunciación, redundante y con mucho de oxímoron, calza a medida para reflexionar sobre la dimensión de Emanuel Ginóbili como deportista a horas de que la NBA lo transforme en leyenda indeleble. Ningún otro basquetbolista en la historia de la humanidad podrá usar la camiseta número 20 de San Antonio Spurs.

Pero volvamos a la pregunta inicial para intentar llegar a una conclusión. ¿Fue Manu Ginóbili el mejor basquetbolista argentino de todos los tiempos?  Sí. ¿Es también uno de los mejores deportistas argentinos de la historia? También. ¿Es cierto que comparte lugar en la mesa chica de los grandes junto con Juan Manuel Fangio, Carlos Monzón, Guillermo Vilas, Diego Maradona y, por qué no, Lionel Messi? Sin dudas.

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No obstante, competitivo como ningún otro, Ginóbili es así de enorme como deportista sin haber sido el mejor de los suyos. Y ese asterisco, lejos de ser una mancha, lo hace aún más grande. Y acá va la argumentación.

Fangio fue el mejor mientras compitió y durante muchísimo tiempo, hasta que apareció Schumacher a discutirle el trono en el automovilismo mundial. Monzón fue el rey indiscutido de su categoría y les ganó a todos los que tenía que ganarles hasta que decidió bajarse del ring. Vilas no fue número uno del mundo por caprichos de una fórmula matemática, pero en 1977 no hubo mejor tenista que él. Y, bueno, de Maradona y Messi no hace falta argumentar sus reinados en el fútbol.

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Sin embargo, Ginóbili no lo pudo ser. Fue contemporáneo de Kobe Bryant y de LeBron James, por poner dos ejemplos. Hasta jugó -un puñado de segundos- un partido contra Michael Jordan, el número uno de la historia, cuando su Majestad del Aire estaba en la última de sus retiradas.

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Pero Ginóbili fue el mejor de los nuestros. El mejor del mundo FIBA, cuando era el Jordan del Kinder Bologna. El mejor del mejor seleccionado de la historia del deporte argentino. El mejor de una Generación Dorada que le ganó dos veces al Dream Team. El mejor extranjero de la NBA (sólo el alemán Dirk Nowitzki puede estar a su altura). El mejor, por momentos, del equipo más ganador de los últimos años de la NBA -se habla de San Antonio Spurs, claro, con Tim Duncan y Tony Parker como socios de un triángulo virtuoso- Dueño de títulos en Italia, en Europa y de cuatro anillos de campeón de la NBA. Dueño de una medalla dorada que, además de Argentina, sólo ganaron tres países. (Estados Unidos, Unión Soviética -también como Equipo Unificado en Barcelona 92- y Yugoslavia). Respetado por sus compañeros. Admirado por sus rivales. Y se puede seguir.

La respuesta a la pregunta inicial ya resulta obvia a esta altura. ¿Se puede ser el mejor sin haber sido el mejor? Sí. Sin dudas.

MFV