El largo, sinuoso (y carísimo) camino para seguir a Paul McCartney

Inés Cavanna y su papá, 20 y 62 años, viven en Escobar y son muy pero muy muy fanáticos de Los Beatles. Bah, ella es más fan de Paul McCartney que de los mismísimos Fab Four. ¿Papá? Papá sonríe y acepta los gustos de la joven con infinito cariño. Como sea, Los Beatles son, fueron…

El largo, sinuoso (y carísimo) camino para seguir a Paul McCartney

Inés Cavanna y su papá, 20 y 62 años, viven en Escobar y son muy pero muy muy fanáticos de Los Beatles. Bah, ella es más fan de Paul McCartney que de los mismísimos Fab Four. ¿Papá? Papá sonríe y acepta los gustos de la joven con infinito cariño. Como sea, Los Beatles son, fueron y serán tema de conversación en la casa, y si a Paul McCartney se le da por venir a la Argentina, ellos allí estarán. Y no sólo estarán: buscarán pertenecer, que es todo lo contrario a encajar.

Tamaña adhesión (¿adicción?) a Paul McCartney hizo ambos pagaran las entradas más caras del show del sábado y, quizá, las más caras que se recuerden: 40 mil pesos cada uno (y no de reventa). O sea, 80 mil pesos + costos de servicio para ver al ex beatle.

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Una lectura considerada es que hayan cumplido el sueño de su vida. Otra más superficial es que gastaron 80 mil pesos en unas diez horas.

Los Cavanna formaron parte de un privilegiado colectivo de espectadores recontra VIP que se distinguía de las casi 60 mil personas que estuvieron el sábado en el Campo de Polo. Con Inés y Gerardo, no sumaban más de 150.

El Campo Delantero, lo más cerca que podías estar de Paul, costaba 6.900 pesos. Demasiada diferencia. ¿Desde dónde habrán visto el show los Cavanna? ¿Habrán estado arriba del escenario?

De este lado, Inés y Gerardo; allá, sobre el escenario del Campo Argentino de Polo, el querido Paul. La experiencia dejó unos empujones de recuerdo, pero la felicidad es mucho más fuerte. (Foto: Martín Bonetto)

Inés te habla de “una aventura” y Gerardo, de una de “las experiencias más importantes” de su vida. Nos explican que una cosa es ver a Paul y otra, muy distinta, es convivir con la atmósfera del máximo ídolo a lo largo de 12 horas. Claro, las casi tres que duró el show y las que correspondieron al momento de ingresar por haber pagado lo que pagaron.

Inés cuida chicos y cobra 150 pesos la hora. Gerardo es músico profesional de Conservatorio y toca en el Colón. Ella confiesa que para el sábado se gastó todos sus ahorros. Gerardo, con extraña sabiduría, asume que “la plata va y viene”.

Los de la entrada de 40 mil pesos debían llegar antes de la una del mediodía y esperar en la Puerta 1, sobre Libertador. “Nos sorprendió que hubiera una cola de 150 personas”, admiten. Los poquísimos que sacaron estas localidades recibieron un primer mail aclarando que la posibilidad de que Paul se detuviera a saludarlos era, justamente eso, una posibilidad. Más sobre la fecha hubo un segundo mail: “Paul no va a salir a saludar”.

O sea, no fueron estafados. “¡No, para nada!”, saltan al unísono.

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Ellos dos fueron simplemente a respirar, todo lo que pudieron, del mismo oxígeno de Paul y, hoy lunes, se los escucha felices y satisfechos.

-¿Famosos entre esos selectos 150?

-No.

El paseo temático incluía la entrada al llamado Campo Delantero, la invitación al ensayo de una hora y monedas, souvenirs (anteojos, toalla con el nombre de Paul y el de la gira) y un almuerzo variado y vegetariano. “Yo soy vegetariana gracias a él. Amo su filosofía. También hice yoga, todas cuestiones que Paul tiene muy en cuenta. Quiero aclararte una cosa: soy muy seguidora de su música y de su estilo de vida”.

La “aventura” que emprendieron In´ses y gerardo el sábado incluyó un almuerzo ‘alla’ Paul. “Soy vegetariana gracias a él”, aclara ella.

“El ensayo mostró parte de lo que se vería más tarde –agrega Gerardo-. Paul estaba de jeans negros y una chaqueta más casual que la que usó durante la noche. Hizo algunas payasadas para nostros… El siempre juega con su público”.

La sorpresa –nunca léase sufrimiento ni queja- es que el ensayo lo vieron desde la zona del Campo Común, es decir, a una cuadra del escenario. Luego del almuerzo que incluía sopa de palta con naranja –“yo estaba tan nerviosa que no pude probar bocado”-, la organización los invitó a caminar hasta esa posición. Quedensé acá. De acá no no pueden pasar. 

“La verdad, un poco lejos…”

Revisando la bolsa de souvenirs, Inés encuentra también una gorrita y una imitación de disco de vinilo para colgar en el cuarto. Ella llevó una bandera donde le dice a Paul que le gustaría darle la mano.

La prueba de sonido parece que se atrasó bastante. No les hables de horarios ni de celulares. Ellos sabían que era de día pero ambos habían decidido que, para variar, esta vez lo verían todo con sus propios ojos. A los 20 años, Inés ya vio a McCartney seis veces y su papá, ocho. Inés lo vio en River, lo vio en Chile, lo vio en Brasil, lo vio dos veces en La Plata y lo vio el sábado. A Gerardo hay que sumarle dos shows más en los tempranos 90, cuando Inés aún no estaba en los planes.

“Mi hija me motivó. Ella se jugó a gastar sus ahorros en lo que deseaba sin ningún tipo de aporte mío. Su gesto es un ejemplo. Los dos pensamos que el esfuerzo, en este caso, equivale a comprarse un cuadro en una exposición de pintura. En el caso de la música, de un show, es algo que empieza, termina y uno cree que desaparece todo y que el dinero se esfuma. Error, no es así. La pintura que compraste queda, y la vivencia de un espectáculo de esta magnitud se vuelve imborrable y se traduce en otras áreas e influencias. O motoriza inspiraciones diversas que ocurren en el interior de uno. Podría decirte que ahora sólo nos queda conocer a Paul…”

-¿No sienten que gastaron demasiado?

Gerardo: Compartir los shows es un esfuerzo grande. No sólo desde el dinero sino desde ir, arreglar nuestras vidas para estar, para viajar… Hemos ido a Chile a ver a Paul. A Brasil. Viajamos en auto. Estuvimos sin dormir…

Inés: Yo ya estoy ahorrando para verlo de nuevo.

Inés invirtió todos sus ahorros en compartir la jornada cerca de su ídolo. Hasta hizo una bandera para ver si lograba que Paul le diera la mano. No resultó, pero ya empezó a ahorrar para la revancha.

-Sos una delirante…

-A este recital fue a parar toda la plata de cuidar chicos y de mis regalos de Navidad y cumpleaños. Me la gasté toda.

-¿Para vos cuál fue el mejor recital de Paul de todos los que viste?

-Este fue increíble por toda la previa que vivimos, pero creo que disfruté más uno en Porto Alegre. La gente es más calma en Brasil, más relajada. El sábado estuvimos adelante, pero hubo que soportar muchos empujones. Nos dolían las piernas porque fueron muchas horas parados y con papá no nos separamos ni un solo minuto.

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Lo que describe Inés tiene que ver con el último tramo de la entrada exclusiva: una vez finalizada la prueba de sonido, esos 150 locos que ingresaron al estadio antes que el resto, podían correr para ubicarse en una imaginaria primera fila. Tres horas y media antes de que McCartney hiciera el acorde de A Hard Day’s Night, Inés y Gerardo ya estaban allí plantados como centinelas.

“Tengo un dolor lumbar…”, admite Inés el lunes por la tarde.

Y también dice que cuando vio a Paul en el ensayo se largó a llorar. “Mi papá no lloró, pero se lo veía tremendamente emocionado, ¿no?”

-Perdón, ¿con Ringo también hacen lo mismo?

Inés: No, yo a Ringo no lo vi nunca. Mi tema es Paul… –

“Hasta la próxima”, se despidió Paul. Y los dos, inés y Gerardo ya tomaron nota. (Foto: Martín Bonetto)

-¿Paul o John?

La que se anima a contestar es Inés:

“Paul”.