La física argentina Karen Hallberg, premiada por L’Oreal-Unesco: “Tuve que desafiar al sistema”

Karen Hallberg (54) nunca se imaginó, cuando partió rumbo a Bariloche siendo una joven estudiante a terminar su licenciatura en el Instituto Balseiro, que ese paisaje desolado pero bellísimo sería el escenario de sus futuros descubrimientos en física cuántica. Rosarina de nacimiento, pasó su infancia y adolescencia en Jujuy, rodeada de un clima áspero, cielos…

La física argentina Karen Hallberg, premiada por L’Oreal-Unesco: “Tuve que desafiar al sistema”

Karen Hallberg (54) nunca se imaginó, cuando partió rumbo a Bariloche siendo una joven estudiante a terminar su licenciatura en el Instituto Balseiro, que ese paisaje desolado pero bellísimo sería el escenario de sus futuros descubrimientos en física cuántica. Rosarina de nacimiento, pasó su infancia y adolescencia en Jujuy, rodeada de un clima áspero, cielos magnéticos y una pasión desbordante por conocer los porqués de las cosas, desde cómo funcionaba el motor del auto de su papá hasta la fuerza que movía las galaxias (fanática de Cosmos, la clásica serie de Carl Sagan Cosmos).

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Durante la presentación de su trabajo en la Académie des Sciences de París, dos días antes de recibir formalmente el premio L’Oréal-Unesco “Por las mujeres en la ciencia”, mostró a un auditorio repleto de colegas de todo el mundo una foto del lago Nahuel Huapi espejando el cielo patagónico. “Es un lugar privilegiado para trabajar”, señaló. Y al agradecer a sus colaboradores, resaltó que entre ellos había solo tres mujeres (entre más de diez varones). Este dato no es banal ni es una casualidad. Justamente el premio -de 100.000 euros para que las laureadas puedan invertir como deseen- viene a suplir la desigualdad que domina estos campos: el Premio Nobel que inauguró para nuestro género Marie Curie en 1903, fue pocas veces otorgado a otras mujeres en estas disciplinas (un 3% según la UNESCO), lo mismo sucede en otros concursos de prestigio.

Como Hallberg fue elegida por América Latina, otras cuatro científicas representaron a los cuatro continentes restantes. Álgebra y geometría, ingeniería computacional y desafíos ambientales protagonizaron las presentaciones. El trabajo de la profesora Najat Aoun Saliba, química analítica de la Universidad de Beirut, pionero en la identificación de agentes cancerígenos y otros contaminantes tóxicos ligados a los cigarrillos electrónicos en Medio Oriente, fue uno de los más resonantes. Además, un panel nutrido de científicas y especializadas en género debatieron el miércoles 13 sobre el impacto de ser mujer en las posibilidades de la investigación, abriendo temas candentes como el machismo en los desarrollos de inteligencia artificial, protocolos médicos y farmacológicos y diseños que apuntan a que el humano estándar sigue siendo varón.

Hallberg y el universo. “Puede haber tanto ahí afuera que ni siquiera somos capaces de imaginarlo. Por eso nuestra búsqueda es constante.”

La Fundación L’Oréal y la Unesco seleccionaron además a 15 mujeres jóvenes (entre 9000) para la categoría “Rising talent”. Ellas representan las promesas entre las investigadoras y María Alejandra Molina, investigadora adjunta y profesora de la Universidad Nacional de Río Cuarto, fue la argentina seleccionada por su trabajo “Desarrollo de nanogeles multifuncionales para terapia combinada con acción bactericida y fototérmica”. Doble aplauso.

Del otro lado de las cosas

Hallberg dirige un equipo de quince personas sobre teoría de la materia condensada en el Centro Atómico de Bariloche, es investigadora principal de Conicet y profesora. Así como de nena quería entender, de grande le tocó atravesar la materia, como una heroína, pero no de criptonita. Corría el año 1986 y en Suiza se descubrieron los superconductores de temperatura crítica. Ella tenía que hacer la tesina de su licenciatura junto con el reconocido científico Paco de la Cruz, su primer tutor. Este hecho modificó su carrera, fue inspirador porque abrió un nuevo campo de estudio.

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Su tema de trabajo, en sus propias palabras, es “el estudio teórico computacional -con métodos y algoritmos numéricos- del comportamiento de los electrones y de la materia a nivel atómico, de materiales que tienen potencial interés de aplicación.” Ella hace física básica sin preguntarse el fin último (o para qué será usado en otros campos de aplicación), sino que el “por qué”, qué hay detrás de la materia que nos rodea. Con eso aumenta la consciencia sobre el mundo y esta es su principal contribución.

Hallberg arma metáforas para que podamos entender con qué trabaja. Su expresión mezcla cierta frialdad británica con una extrema amorosidad y empatía. Le preocupa hacerse entender, porque su objeto de estudio es inimaginable e invisible al simple ojo humano, tal es así que se mide por la escala de Armstong (a veces menor incluso a la nano partícula). Las cosas, entonces, parecen otras. Superconductividad, magnetismo, aislamiento, son algunos de los estados que protones, núcleos, electrones, van alcanzando en ambientes intervenidos Los comportamientos son, entonces, inesperados.

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“Siempre fui muy curiosa y recibí muchos estímulos, por parte de mis padres y en la educación pública, que fue desde la Primaria Belgrano y el Colegio Nacional Nº 1 hasta la Universidad Nacional de Rosario y el Balseiro. De eso estoy muy orgullosa”. A 12km del Centro Atómico vive con su marido, Ingo Allekotte, con quien se conoció a los 23 años, siendo ambos estudiantes.

Y hablando de interacciones complejas, es inevitable armar otra metáfora. Comenta Karen que el completamiento de las personas individuales puede predecirse pero cuando se juntan, en un concierto, en una cancha de fútbol, aparece otra cosa. Lo mismo con los electrones. Las Conferencias Pugwash, de las cuales participa, fueron iniciadas luego del Manifiesto Russell – Einstein en preocupación por la guerra y la utilización de energía atómica para fines destructivos. “Siempre tuve consciencia social y me pregunté sobre el rol del científico en sociedad, me preocupaba en referencia al tema de las armas nucleares, por ejemplo. En Bariloche nos juntamos una vez por semana a hablar de cambio climático, de desarrollo tecnológico, y hasta de economía, convocamos expertos”, comenta.

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Cuando nombra la palabra “energía” la despega de otros usos populares que, aunque dicen basarse en la física cuántica, no tienen nada que ver con ella, según Karen aclara: “Si vos querés usar una teoría de escala sub atómica y querés aplicarla a otra cosa, a otras disciplinas más humanísticas, no funciona. Por ejemplo, yo hago Yoga, me gusta, me hace bien, pero cuando mi profesora habla de energía entiendo que no es lo mismo a lo que refiere, es otra cosa (tal vez algo más de la psiquis, de la voluntad o de la emoción)”.

Una heroína atómica

El salón mismo donde las científicas exponen sus trabajos es una representación viva de cuán reciente en la participación de las mujeres en la producción del conocimiento: esas estatuas del 1800 en el Institute de France honran a los descubridores más importantes, todos “ellos”, los que hicieron historia. En la actualidad, las investigadoras de ciencia representan el 29 por ciento y el número se reduce a 11 por ciento para los cargos altos. Esto refiere a materias como matemáticas, astronomía, informática y química.

¿A que se debe? Cuando Karen comenzó, la elección de su carrera fue en contra de todo un sistema no abría esas áreas a las mujeres, pero además, ellas son promovidas más lentamente y muy pocas llegan a altos cargos. “Sentí que para seguir física tenia que desafiar el sistema, ser una heroína Tuve que bajar estereotipos, hacer mucha fuerza en esta dirección, porque no era normal, y eso no está bueno, porque deja afuera a muchas mujeres”.

La oposición maternidad vs carrera es, para Hallberg, uno de los factores de influencia y para eso las políticas públicas y el fomento de los jardines maternales hacen la diferencia. “La ciencia puede darte cierta flexibilidad pero para muchas -recuerda a dos colegas alemanas que abandonaron la carrera para formar una familia- no dejar la profesión cuando crecen los compromisos es un gran desafío”. Ella pudo contratar niñeras y utilizar salas maternales para sus hijos Tania y Kevin cuando se fue a Alemania por una beca pos doctoral.