Acogida: buscan 200 familias para cuidar niños en tránsito

Gabriela Totaro, Guillermo Sigmorello y sus hijos forman parte del programa Crédito: Emiliano Lasalvia En la ciudad, solo hay 18 inscriptas en el programa que apunta a servir como una alternativa a la institucionalización; sin embargo, están alojados 224 chicos de 0 a 6 años en hogares de menores “Entregar al bebé que cuidamos durante…

Acogida: buscan 200 familias para cuidar niños en tránsito

Gabriela Totaro, Guillermo Sigmorello y sus hijos forman parte del programa Crédito: Emiliano Lasalvia

En la ciudad, solo hay 18 inscriptas en el programa que apunta a servir como una alternativa a la institucionalización; sin embargo, están alojados 224 chicos de 0 a 6 años en hogares de menores

“Entregar al bebé que cuidamos durante un año y medio a los brazos de su familia definitiva fue un sentimiento maravilloso”, dice Gabriela Totaro (43). Y su marido, Guillermo Sigmorello (42), emocionado agrega: “Yo recibí una carta que al abrirla no pude contener las lágrimas. Decía, junto a la foto del niño: ‘Gabi y Guille, ¿quieren ser mis padrinos?'”. Ellos integran el Programa de Acogimiento Familiar de la Dirección General de Niñez y Adolescencia porteña.

El plan funciona desde 2015 para asistir y cuidar a niños que, a raíz de la vulneración de sus derechos, fueron separados de su familia de origen y son integrados transitoriamente a una alternativa hasta que un juez decida si su destino será retornar a su hogar,

ser dados en adopción

o pasar a la tutela de otras familias.

Actualmente hay solo 18 familias inscriptas, pero el programa -que sirve de alternativa a la institucionalización- necesita sumar unas 200 porque hay 800 chicos de hasta 18 años que viven en hogares para menores. De esta cifra, 224 tienen hasta seis años. “Es importante que se sumen 200 familias para afianzar los cuidados en la primera infancia [de 0 a seis años]”, afirma Guadalupe Tagliaferri, ministra de Desarrollo Humano y Hábitat de la Ciudad. A pesar de que desde el Estado destacan el trabajo de estas instituciones de menores, la Convención sobre los Derechos del Niño establece: “El grupo familiar es el ámbito de cuidado más propicio para el crecimiento”.

“Si bien proyectamos que el programa también alcance a la segunda infancia, focalizamos la asistencia en la primera, dado que el sano desarrollo y crecimiento psicoevolutivo son fundamentales para esta etapa en la que se constituye la subjetividad, la vincularidad y la vida emocional futura. Por eso, se prioriza el derecho del niño a vivir en familia”, señala Tagliaferri.

Según señalan desde el ministerio, aún son pocas las familias inscriptas porque no hay conocimiento suficiente de la práctica. Esto provoca que muchos no se crean capaces de afrontar el desafío que implica, entre otras cosas, tener disponibilidad emocional, de tiempo y económica.

Las familias son acompañadas por un equipo de profesionales durante toda la experiencia, que tiene un tiempo promedio de seis meses. “Trabajamos junto a la Facultad de Psicología de la UBA para la selección, la supervisión y el acompañamiento de los procesos”, agrega Tagliaferri.

Todos los tipos de familias pueden registrarse en el programa -personas solteras y parejas heterosexuales o gays-. Gregory y Marcos son una de ellas. Antes de junio del año pasado, su departamento lucía impecable. Desde que cuidan a un niño de siete años el piso está atiborrado de juguetes, libros y cajones abiertos. “En cuanto llegó a casa, F. no se podía contener con la comida, se tiraba al piso a llorar cuando algo no le gustaba y no sabía compartir. Ahora, además de ser supersociable, ordenó su alimentación, está escolarizado, lleva el carnet de salud al día, está aprendiendo a leer, a nadar y hasta repite palabras en inglés cuando me escucha”, dice el norteamericano Gregory.

Para Marcos, una de las imágenes más significativas de esta experiencia la tuvo la tarde en que F. se atrevió a hamacarse solo. “Parece una nimiedad, pero las primeras veces que íbamos a la plaza les tenía terror a los columpios. El día en que avanzó con pasos cortitos, despegó sus pies del suelo, se sentó y soltó una carcajada al ritmo del vaivén, me quedé boquiabierto al darme cuenta de lo que habíamos logrado”, relata.

El programa garantiza una ayuda económica de los gastos de manutención y cuidado y una red de contención conformada por las familias de acogimiento. No reciben otro ingreso extra. “En cuanto nos avisaron que llegaría una bebé que estaba en transito, recibimos en la puerta de casa juguetes, ropa y hasta una cuna, eran todos productos de donaciones”, dice Lisa Spezzini (31). También existen las familias de apoyo, que colaboran de alguna manera con las de acogida.

Un sentimiento que se replica en las personas entrevistadas es que la experiencia además de ser enriquecedora para el niño, resulta transformadora para la familia de acogida. “Luego de haber superado la enfermedad de mi hijo y la mía, nos dimos cuenta de que lo teníamos todo y eso nos motivó a contribuir como familia. A los bebés que pasaron por casa los cuidamos como nuestros hijos. Poder revertir su historia, aunque sea de un modo inconsciente para ellos, nos cambió la vida”, sostiene Totaro, madre de tres hijos.

Y Spezzini agrega: “Cuando comenzó la etapa de vinculación con sus padres adoptivos, les entregamos una caja con los primeros recuerdos de la beba y les transmitimos lo que vivimos con ella durante su pedacito de vida. Ellos se sentían muy agradecidos y a pesar de que no se da en todos los casos, seguimos en contacto”.

Requisitos para inscribirse

  • Ser mayor de edad
  • Residir en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
  • No estar inscripto en el Registro Único de Aspirantes a Guarda Adoptiva
  • No poseer antecedentes penales ni deuda alimentaria
  • Contar con un espacio adecuado para recibir a un niño y con tiempo disponible para realizar actividades de capacitación y supervisión

Cómo anotarse

www.buenosaires.gob.ar/acogimiento-familiar, a través de


[email protected]

o llamando al 4124-5000

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