Los hermanos que surfearon en las Malvinas como un puente de confraternidad

A 37 años de la guerra, los hermanos Joaquín y Julián Azulay documentaron sus 50 días en las islas en busca de olas y de encuentros con sus habitantes. Cuando bajan de la camioneta 4×4, el viento hace que sus cabelleras rubias se muevan como un torbellino. Caminan con las tablas hasta un alambrado, miran el…

Los hermanos que surfearon en las Malvinas como un puente de confraternidad

A 37 años de la guerra, los hermanos Joaquín y Julián Azulay documentaron sus 50 días en las islas en busca de olas y de encuentros con sus habitantes.

Cuando bajan de la camioneta 4×4, el viento hace que sus cabelleras rubias se muevan como un torbellino. Caminan con las tablas hasta un alambrado, miran el mar a la distancia y enseguida comprenden que no podrán surfear. No porque no haya olas sino porque el cartel rojo es claro en el mensaje en letras blancas: “Danger. Mines”. Uno de los tantos campos minados que aún están latentes en las Malvinas, a 37 años de la guerra entre Argentina y Gran Bretaña, es infranqueable por donde se lo mire. Joaquín y Julián Azulay tendrán que buscar otras olas en el frío húmedo del Sur.

Los hermanos no se quedaron quietos durante los 50 días que estuvieron en las islas y se dieron el gusto de surfear en lugares jamás explorados por apasionados como ellos del flamante deporte olímpico en Tokio 2020. Esa búsqueda y la idea de encontrarse en el mar con Jay y Sean Moffat, hermanos surfers que viven en Malvinas, generó “La ola sin fronteras” (“Trascending waves”), la película que se estrenará este viernes, a las 19.30 y a las 22, en el Teatro Santa María (Montevideo 842; entradas en gauchosdelmar.com/es/eventos) y que recorrerá el país y festivales en Europa, con el objetivo final de una función en Puerto ArgentinoPara demostrar que el deporte, como el arte, puede ser un vínculo de unión aún con un conflicto tan a flor de piel.

Hijos de uno de los pioneros del surf en Argentina, buscaron olas desde pequeños y hace ocho años armaron el proyecto “Gauchos del Mar”: viajar por países para surfear, interactuar con distintas culturas y documentarlo en películas.

En su primer film bajaron en camioneta desde una playa cerca de Los Ángeles hasta su hogar en este país. En el segundo recorrieron la Patagonia chilena y argentina hasta embarcarse hacia la Isla de los Estados. El tercer viaje duró 53 días a pie por la fueguina Península Mitre. Y luego partieron hacia África para un documental en producción. Pero Malvinas es especial.

Las toninas overas fueron compañía de los hermanos Azulay en Malvinas. Foto: @gauchosdelmar

“Nos costó bastante la logística, porque nos dieron permiso para filmar 48 horas antes de viajar. Pero una vez que pisamos las islas, todos sabían que éramos ‘los de la peli’. Es como un gran barrio cerrado o un gran country de 2.800 personas donde todos se conocen. Nos costó entrar a muchas estancias con costas para surfear, pero portarnos bien nos abrió las puertas”, cuenta Joaquín, de 31 años, licenciado en Administración de Empresas y que llegó a jugar al fútbol en Chacarita.

No es lo mismo para un argentino pisar las Malvinas que otro territorio. “Hay tensión y distancia. Las vivimos en los primeros mensajes con los hermanos Moffat, porque estaba todo bien pero cuando les dijimos que éramos argentinos, de repente no nos respondían. No querían participar de un proyecto fílmico por el conflicto bélico. Entendimos su posición y nuestra idea siempre fue ponernos a su nivel y generar una amistad, un diálogo, un puente para poder charlar”, explica Julián, arquitecto de 33 años.

Joaquín y Julián Azulay no podían llegar a las olas para surfear por los campos minados en Malvinas. Foto: @gauchosdelmar

Pero donde hubo heridas, quedan cicatrices difíciles de sanar. “No hablábamos con la gente sobre la guerra, porque no queríamos meternos en el tema de la soberanía. Nuestra idea era unir con el deporte”, explica Joaquín. “Tampoco nos concierne a nosotros ese tema, porque somos de otra generación y ellos lo viven de una manera cercana. Encima los hermanos Moffat vienen de una familia del ala dura y hacerse amigo de argentinos puede generarles que ‘les tachen la doble en la isla’ y se queden solos”, agrega Julián.

Ver “La ola sin fronteras” es un camino de ida para admirar la áspera belleza de las Malvinas. Un territorio natural maravilloso, capturado en imágenes impactantes tanto con un dron como en un “túnel” de una ola atravesada por la tabla.

“La ola sin fronteras” es una experiencia deportiva y humana en las Malvinas. Foto: @gauchosdelmar

La producción conjunta de los Gauchos del Mar y de Caudillo Cine impacta visualmente en cada playa con pingüinos, toninas overas, albatros y elefantes marinos. En cada encuentro con habitantes locales, ya sea en la esquila de ovejas, en el desminado de los campos o en las estancias de hectáreas eternas que acogen a los hermanos Azulay. A algunas, como las de Ana Robertson, se demora un día en llegar.

Hay tensión en un vuelo que parece demasiado frágil en una lata con hélices y en el velero Mago del Sur, que los transporta por el furibundo oleaje hacia costas inverosímiles. Hasta darse el gusto de surfear donde nadie lo hizo. Total, no hay desgaste que no se solucione con un buen plato de fideos con tuco.

Pero también están las trincheras, los cementerios, la chatarra aérea que se oxida desde 1982, la turba, el silencio, el respeto a lo que se vivió. La reflexión es de Julián: “Lo que pasó fue tremendo. Cuando estás ahí, en la turba de las trincheras, te imaginás lo que deben haber sufrido los soldados mal equipados en ese frío húmedo. Debe haber sido bravísimo”.

En el agua, junto a la fauna de Malvinas, surfear fue una experiencia fascinante para los hermanos Azulay. Foto: @gauchosdelmar

-¿Sintieron que el mensaje de unión a través del deporte llegó durante este viaje?

-Julián: El mar pone a todos en el mismo plano. El mar es de todos y no es de nadie. En el agua, estás en el mismo nivel, compartiendo un lindo momento para dejar otro mensaje posible.

-Joaquín: El mar une a los continentes. Y hoy es nuestro único nexo con las islas, porque estamos al lado y seguimos sin diálogo. Por eso quisimos incentivar a acercarnos con nuestro puente: el surf.

La película contará qué fue del encuentro entre los hermanos Azulay y Moffat. ¿Para qué adelantar lo que se puede ver? Al cabo, la emoción también llegará en inglés, cuando Sonia Felton, antes de abrazar a Joaquín en su estancia, diga: “Debemos ser amables entre nosotros, porque somos uno. El hombre hace las fronteras. Si no tuviéramos fronteras, no habría tantos problemas”. ¿Suena ingenuo? Ya lo cantó Lennon: “Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único”.