LIFSCHITZ Y SUS DIPUTADOS LE DAN LA ESPALDA A LOS SANTAFESINOS.

Los diputados que responden al exgobernador Miguel Lifschitz eligieron cerrar el año legislativo, tomarse vacaciones y no tratar los serios problemas de los santafesinos. Al ingeniero socialista no se le pasó el enojo por la derrota de las elecciones y continúa pensando en retomar el poder, sin importar que sus acciones repercuten directamente en la vida de la gente.Santa Fe atraviesa hoy graves inconvenientes que requieren respuestas urgentes. La decisión de los diputados del Frente Progresista de no acompañar las leyes de emergencia que posibilitarían comenzar a solucionar algunos de los tantos problemas que sufren sobre todo los sectores más bajos, fue una demostración clara de que la ambición de poder está siempre por delante del ciudadano de a pie.

¿Alguien es capaz de discutir que la provincia atraviesa un momento complejo? ¿Alguien acaso se atreve a poner en duda que Santa Fe vive una gravísima emergencia en seguridad?  De la Santa Fe invencible a la Santa Fe del narcotráfico. Así nos conocían y así nos conocen ahora.La crisis nacional que dejó el gobierno de Mauricio Macri fue claramente responsable de la situación que atraviesa hoy el país, pero en Santa Fe, en los últimos años el gobierno provincial de Lifschitz acompaño el modelo con un gasto desmedido e imprudente que dejo a esta provincia al borde de la quiebra. Hoy, esos mismos legisladores que formaron parte del Ejecutivo en los años pasados, miran para otro lado como si la responsabilidad fuese ajena.

Así, contundente, el Frente Progresista hizo valer su mayoría en la Cámara baja y no acompañó las leyes de emergencia como si no comprendieran las dificultades que viven los santafesinos. Ahora está en riesgo la ejecución de programas sociales, pagos, y ni hablar del correcto funcionamiento del sistema de salud.Está claro que la decisión estaba tomada de antemano, sin importar los argumentos ni el daño que pagan los santafesinos.

Lifschitz, que a duras penas pudo entregar el bastón de mando, tabicó -y futurología al margen, tabicará- cualquier intento de la actual gestión para conseguir herramientas que permitan un mínimo margen de maniobra en un escenario de crisis. Escenario que él mismo propició, entregando un gobierno provincial con números rojos.

Aceptar la necesidad de medidas extraordinarias hubiese sido para Lifschitz reconocer una realidad: el fracaso de su gestión, por ejemplo, en materia de seguridad. Y los números son tajantes: la provincia tiene en sus dos grandes urbes (Rosario y Santa Fe) una tasa de homicidio por habitante superior a la media nacional. Valía la pena, pensaron algunos, que el tema podía ser desmenuzado en comisiones.

Ni siquiera eso. Rechazo express y a ponerse el bronceador.Ni siquiera alcanzó con la evidencia más manifiesta: el aumento exponencial de la necesidad de asistir a miles de santafesinos en materia alimentaria. La actual oposición no entendió, o prefirió no entender, que cada peso que se invierte en el terreno social reditúa en mayor expectativa de futuro. Una pena.
Asi, en un nuevo año que se avizora cuanto menos complejo, el ingeniero socialista volvió a mostrar, incluso con las declaraciones de sus espadas políticas, que está abiertamente dispuesto a maniobrar con una doble vara moral: hablar con inquebrantable corrección política hacia la tribuna, pero legislar a espalda de los santafesinos en la Cámara de Diputados. Prefirió darse el lujo de tomarse vacaciones, cuando los santafesinos necesitan que se le resuelvan de manera inmediata un sinfín de problemas agobiantes. Cinismo puro.

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