La dieta, un problema sin edad: los argentinos comemos mal toda la vida

Los argentinos comemos mal casi toda la vida. A los tres años de edad, cuando nos integramos a la mesa familiar y entramos al jardín de infantes, se deteriora nuestra dieta, que no recupera calidad nunca más. Las pizzas, los sándwiches y el azúcar que le ponemos al mate son algunos de los “culpables” de este…

La dieta, un problema sin edad: los argentinos comemos mal toda la vida

Los argentinos comemos mal casi toda la vida. A los tres años de edad, cuando nos integramos a la mesa familiar y entramos al jardín de infantes, se deteriora nuestra dieta, que no recupera calidad nunca más. Las pizzas, los sándwiches y el azúcar que le ponemos al mate son algunos de los “culpables” de este aplazo nutricional.

“No es algo que nos sorprenda”, dicen desde el Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea), donde estudiaron la evolución de la dieta de los argentinos a lo largo de su vida. Para eso, analizaron una encuesta realizada a 1044 personas de entre 1 y 69 años, de las principales ciudades del país.

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Los investigadores categorizaron la dieta en tres niveles de calidad: alta, media y baja. Estos índices se determinaron en función de la relación entre las calorías y la cantidad de nutrientes esenciales (proteínas, fibra, calcio, hierro, zinc, potasio y vitaminas A, C y B9) y negativos (azúcares totales, sodio, ácidos grasos saturados y almidón) de los alimentos que consumen los argentinos.

El estudio concluyó que, aun sin alcanzar los estándares ideales, la mejor etapa nutricional se da entre los 12 meses y los tres años de vida. Es en esa franja etaria donde se da el mayor porcentaje de habitantes (el 16% de los varones y el 17% de las chicas) con una dieta de alta calidad. Es el momento más “protegido”.

Comemos menos verduras de las que deberíamos (Lucía Merle / Archivo Clarín).

Luego, viene un quiebre. “[El consumo de] todo lo poco saludable se inicia a los tres años y se mantiene a lo largo del ciclo de vida”, dice a Clarín Sergio Britos, nutricionista y director de Cepea.

“Es importante esa conclusión, porque en términos de recomendaciones de políticas públicas dice mucho”, señala el experto. “En los primeros dos o tres años de vida el niño está en el seno familiar. Luego se relaja, cuando empieza el jardín, y más tarde, la escuela. El cuidado disminuye. Y esto se nota claramente en los análisis”, sigue Britos.

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Hay cuatro eventos significativos de esta etapa. Se pierde la “protección” de la lactancia materna. Baja el aporte nutritivo de los lácteos (en fórmulas infantiles, leche y yogur). Se acentúa el consumo de azúcar, en particular en gaseosas, jugos y galletitas dulces. Y empiezan a ganar protagonismo las pizzas y sándwiches. “La alimentación se vuelve más ‘a la argentina’”, dicen los especialistas.

Por estos motivos, la curva de calidad de la dieta cae en el grupo de chicos de tres a siete años. En la mayoría de ellos (70% de los varones y 62% de las nenas) la dieta es de baja calidad y en el resto (30% de los varones y 38% de las mujeres) es de calidad media. Entre los encuestados de esta franja etaria, no hubo ningún caso de dieta de “alta calidad”.

Las carnes frescas, entre los alimentos de calidad alta (Germán García Adrasti / Archivo Clarín).

Sin embargo, la peor etapa, desde el punto de vista nutricional, es la adolescencia. Entre los 13 y los 17 años, siete de cada diez chicos tienen una dieta de baja calidad. “Las gaseosas, los jugos en polvo, las galletitas dulces y los bizcochos salados ocupan una proporción mayor que en otros momentos de la vida. Eso incide negativamente en este índice”, explica Britos.

A partir de los 18 años existe un leve repunte en la calidad de la alimentación que, a criterio de los especialistas, puede responder a una mayor conciencia sobre la importancia de una alimentación más saludable y natural. Pero —aún así— las rutinas alimenticias se mantienen muy lejos de lo ideal: según el trabajo de Cepea, la mayoría de los adultos (63% de los hombres y 53% de las mujeres) sigue una dieta de baja calidad.

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Como dicen las conclusiones del estudio, “después del segundo año de vida se deteriora la calidad de la dieta y se mantiene a lo largo del ciclo de vida”. Por eso es muy importante promover hábitos en nuestros hijos desde que son chiquitos.

“Los gustos y los disgustos alimentarios se adquieren fundamentalmente en los primeros dos años de vida. Un chico que aprende a comer frutas o verduras, o prueba comidas no tan dulces o no tan saladas, va a tener enormes chances de ser un adulto con menos consumo de sal y azúcar y más consumo de frutas y verduras. Por eso, insistimos en la educación del gusto. “El gusto se aprende”, concluye Brito.

Qué potenciar y qué evitar en la mesa

* Los alimentos de “calidad alta” son las verduras, las frutas, la leche, el yogur, los quesos, las legumbres, los cereales integrales, los granos, los huevos y las carnes frescas.

* Tienen “calidad intermedia” los panificados dulces y salados, las galletitas tipo crackers, las harinas, el arroz común, las pastas, las hortalizas feculentas, alguna carnes procesadas, algunos quesos y postres lácteos.

Recomiendan darle más frutas a los chicos (Lucía Merle / Archivo Clarín).

* Los productos de “baja calidad” son las bebidas azucaradas, el azúcar de mesa, las galletitas dulces, los alfajores y las golosinas, los aderezos, algunas carnes procesadas, las grasas animales y los snacks o productos de copetín.

* Cuidado con el azúcar. Su ingesta total es alta: 110 gramos diarios promedio, superando la recomendación europea de 90 gramos al día. El mate dulce es uno de los mayores “culpables”.

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* Los desayunos y meriendas son las comidas que peor llevamos, en especial los adultos. Le ponemos azúcar a las infusiones, comemos pocos lácteos y cereales integrales. 

* Comemos poco de lo bueno. Solo un 30% de la cantidad recomendada de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y lácteos.

* Comemos mucho de lo malo. La brecha de exceso es del doble en niños y del 50% en adultos en los alimentos que se sugiere consumir en forma ocasional, en especial bebidas azucaradas, galletitas dulces y azúcar.

LGP

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