Crianza: “La ausencia de la palabra es violencia y duele mucho más que un golpe”

Los tiempos se aceleran y cambian para todo, incluso para aquello que durante muchos años se transmitió de generación en generación cual mandato familiar. Criar a nuestros hijos no es lo mismo ahora que hace 5, 10 o 20 años. Según explica la licenciada Alejandra Libenson, psicóloga y psicopedagoga especialista en crianza y vínculos familiares,…

Crianza: “La ausencia de la palabra es violencia y duele mucho más que un golpe”

Los tiempos se aceleran y cambian para todo, incluso para aquello que durante muchos años se transmitió de generación en generación cual mandato familiar. Criar a nuestros hijos no es lo mismo ahora que hace 5, 10 o 20 años.

Según explica la licenciada Alejandra Libenson, psicóloga y psicopedagoga especialista en crianza y vínculos familiares, autora de varios libros sobre este tema, en diálogo con “Línea Abierta” (FM 101.3) “uno no puede usar el manual de instrucciones para esta tarea porque lo más probable es que le vaya mal, cada hijo es diferente, demanda cosas distintas, siente de maneras diversas”. Por ello en la crianza, “lo primero que vamos a resaltar es que criando hijos, estamos criando personas, los niños son personas y no adultos en miniatura que pueden comprender cosas que su afectividad y modo de aprender no lo hace. Estamos en este momento, naturalizando conductas que para nosotros son normales y para ellos no lo son de esa manera y eso es algo que no está ni bien ni mal sino que es una realidad. Cada uno tiene su historia como hijo y como padre”.

Por estos tiempos la hiperconexion y la desconexion tienen un rol preponderante en la educación de los pequeños “la pantalla es un objeto que no hay que demonizar, ni malo ni bueno el tema es como se utiliza , y para los niños es un juguete más, ellos exploran el mundo y conocen todo con la misma intensidad y pasión. El tema es como los adultos se lo enchufamos  en la vida. Claramente para un adulto la pantalla es como un chupete electrónico, el intemediador que a mi me permite hacer ciertas cosas sin que el niño me moleste o considero que el niño es muy inteligente porque sabe manejarla, que es una certeza y un mito que no es real : lo que a un niño lo hace ser felíz es un vínculo humano con el otro, la mirada, la gestualidad, el compartir, el estar, el jugar, el pelarse. Todo lo que implique un vínculo y las pantallas son geniales en la medida que se puedan usar como parte de la conectividad y según la edad. No puede ser un objeto para, dormir, comer, algo que reemplace el vínculo”.

Padres espejos

Con solo unos minutos para observar nuestro alrededor vamos a poder testificar que cada vez es más habitual encontrarnos ante personas que en vez de conversar o jugar con sus hijos están distraídos con una pantalla mientras ellos reclaman muchas veces atención, es en esta realidad donde los niños están al desamparo y vulnerabilidad “ante las pantallas por un lado por que no se sabe con qué contenidos están y por el otro son los papás los que se pierden muchas cosas si no reconocen sus conductas adictivas”.

El adulto tampoco puede parar, si mostramos un modelo de enseñanza aprendizaje donde primero en están los objetos y después las personas ese niño aprende eso y construye su vida a través de las redes y la hiperconectividad virtual pero en el cara a cara no saben decir hola, pierde la costumbre de estar con otros porque en su propia casa ve que los demás están conectados a un aparato con el que se rien, hablan, se divierten incapaces de atender las demandas a otras cosas”.

¿Y entonces qué pasa con los límites? Libenson explica que “para aprender a transmitirle un límite a un niño, hay que conocer primero cuales son los propios límites y los propios desbordes si uno no puede hacerse cargo de sus propias dificultades es más dificil poder educarlos”.

A veces registramos más el error en el niño que de nuestras propias dificultades para poder parar, detenerse, no estamos en condiciones naturales en esta cultura del éxito y del llame ya no estamos acostumbrados a poder parar, estamos automatizados como Pavlob con el reflejo estimulo respuesta ¿Cómo ayudamos a los niños a tolerar la espera, cuando estamos inmersos en un mundo tecnológicos? hay que aceptar que debemos tomar cartas en el asunto con nosotros mismos.

Los espacios de reflexión masivo desde donde se pueda empezar a pensar desde la responsabilidad y no la culpa, son una forma de evitar los espacios de violencia invisible que se ejerce sobre los niños ante la falta de comunicación. 

Todos estamos cansados, pero si decidimos tener hijos hay que hacerse cargo “La ausencia de la palabra es violencia y duele mucho más que un golpe”.

La mayor guía en la crianza es la intuición, el sentido común, trabajar sobre la autoestima de uno mismo. Puede haber escritos pero no recetas “hay que empezar a pensar en la nutrición del alma para construir personas felices, no mejores”.  No podemos vivir solos en sociedad con pantallas que nos metan para adentro.

Más sobre Alejandra Libenson

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